jueves, 15 de septiembre de 2011

Freddie Mercury

Para Orlando
y a mis hermanos



Aquellos adolescentes soñaban con la libertad (concepto extrañamente filosófico el de esa libertad alcanzada sólo en medio de luces, humo, efectos especiales y atavíos y pelucas y tiempo desgarrado en que coexistieran maquilladoras y puentes levadisos, guitarras eléctricas y criados sumisos y benevolentes que portaran plumas y candelabros) y con el descubrimiento de cierto poder elegante que los distinguiera de los demás mortales; bailaban en soledad frente al espejo en torpe pero bello trance, arrastrados por el sagrado sonido que desgarbaban sus cassetteras, pero que seguía siendo ese mensaje o al menos un espejito sucio en que ver la llegada del águila olímpica que venía a hacerlos participar del goce de las divinidades, regodeadas con inocencia en sus relucientes tronos de utilería. He visto este ritual con mis ojos asombrados de niño. Luego ocurrió que se cortó la cinta de estos talismanes. Los dioses fueron devorados o quizá un armagedónico cortocircuito les develó la telgopórea naturaleza de su divinidad y debieron volverse sacerdotes de los gusanos. Pero yo seguí buscando ver, debajo de la grasa y la prudencia o el cinismo, algún rastro de aquellos a quienes su propio trance develó ante mis ojos...

2 comentarios:

Sabina dijo...

Otra muestra de la excelencia de tu trabajo, Carlos.
Saludos, y que nadie te pare

... don't stop me now...

Carlos Dearmas dijo...

Gracias, Sabina, por hacer rondar tus mundos suspendidos tan seguido por estos lares. Saludos!