domingo, 25 de noviembre de 2012

Camisetas a pedido!

La Gloriosa Nina Simone
(Pintado sobre camiseta negra)

 Pues, sí. Se amplía la carta del Basilisco Gentil. Ahora también pretende tiranizar ese sagrado espacio que, sobre nuestro pecho o espalda, habíamos cedido devotamente a la publicidad gratuita de las reverenciables multinacionales de la indumentaria o del sitio turístico que nos succionó la médula la última temporada; esa pizarra o palimpsesto que, para definirnos ante los demás, habíamos convertido en cartelera de opiniones ajenas en idiomas extraños; ese anhelado uniforme que, con sus colores distintivos y su preferencia por ostentar marcas de cerveza o de llantas para autos, nos situaba claramente ante el enemigo: ese perverso ser que, infiltrándose en nuestra vida bajo el rostro de nuestro vecino o nuestra frágil abuela, albergaba el oscuro  deseo de ver tropezar en plena gesta a la deidad fulbolera a la que consagrábamos las lágrimas, las alegrías y la violencia contenida de toda una semana.
Sí, así es, insolentemente se ha infiltrado en el santuario que cubre nuestro pecho y espalda, y ahora espera, espera mientras caen uno a uno, espera para traernos, como si no hubiera culpa en ello, la camiseta que habíamos estado buscando...

Si está ansioso de caer en esta trampa, escriba a odioalosartistas@gmail.com, y consulte por precios y diseños. Este momento del año es el ideal para caer en la tentación.

lunes, 19 de marzo de 2012

Tita Merello


Exquisita vulgaridad en el barrio del Abasto.
(a pedido de Andrés)

sábado, 22 de octubre de 2011

Rodolfo Walsh

Para Vero

Mientras la fatuidad de las sociedades acabadas o inexorablemente encaminadas y las opiniones totales fundó su dignidad y su fuerza en el Terror, o se creyó, al menos, capaz de utilizar como una herramienta nada menos que al mismo Terror, de tan profundas raíces genealógicas que haría aparecer a cada sistema o modelo como uno de sus temporarios vástagos, endebles hijos de un inmortal que no los lloraría cuando la naturaleza los expulsara de la existencia; mientras se perfeccionaron la persecución, la tortura y el desaliento, los espíritus más enardecidos consagraron sus llameantes corazones a desafiar, a soportar, a demoler a riesgo de entregar la sangre, de ser arrancados de las caricias, de la historia, o de exponer su recuerdo a ser bandera y ley de los monstruos, a ser estampado de remeras de catálogo. Así se nutrieron las estrategias del Terror y, consecuentemente, el desafío de los espíritus enardecidos; entretenido el Terror frente al tablero, descartados los espíritus enardecidos como fichas desgastadas o estéticamente anacrónicas.. Hasta que, machacado en alguna jugada, el Terror se declaró envejecido, o temporalmente aburrido, o en viaje a la sierra para aclarar sus pulmones, dejando entonces, además de su halo inalienable, a dos predilectas hijas a cargo de la partida: Así sus hijas, Banalización e Indiferencia, se entretienen sobre el tablero entre ellas, son sus peones los cobardes y los oportunistas, los desesperados y los ingenuos. Mientras que los espíritus enardecidos, corderos ungidos para sacrificios olvidados, atacan sombras y reflejos y esperan de estos la estocada final, o arden una noche tratando de entibiar con su llameante corazón el cruel cubil que la reglas del nuevo juego les han asignado.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Freddie Mercury

Para Orlando
y a mis hermanos



Aquellos adolescentes soñaban con la libertad (concepto extrañamente filosófico el de esa libertad alcanzada sólo en medio de luces, humo, efectos especiales y atavíos y pelucas y tiempo desgarrado en que coexistieran maquilladoras y puentes levadisos, guitarras eléctricas y criados sumisos y benevolentes que portaran plumas y candelabros) y con el descubrimiento de cierto poder elegante que los distinguiera de los demás mortales; bailaban en soledad frente al espejo en torpe pero bello trance, arrastrados por el sagrado sonido que desgarbaban sus cassetteras, pero que seguía siendo ese mensaje o al menos un espejito sucio en que ver la llegada del águila olímpica que venía a hacerlos participar del goce de las divinidades, regodeadas con inocencia en sus relucientes tronos de utilería. He visto este ritual con mis ojos asombrados de niño. Luego ocurrió que se cortó la cinta de estos talismanes. Los dioses fueron devorados o quizá un armagedónico cortocircuito les develó la telgopórea naturaleza de su divinidad y debieron volverse sacerdotes de los gusanos. Pero yo seguí buscando ver, debajo de la grasa y la prudencia o el cinismo, algún rastro de aquellos a quienes su propio trance develó ante mis ojos...

miércoles, 17 de agosto de 2011

Sobre Amy Winehouse y el club de los 27


Consumimos jugos que imitan frutas, plásticos que imitan cuero, pinturas que imitan realidad a rajatabla, mujeres que imitan maniquíes con orgullo; consumimos tantos versos de Hesíodo como requiere el tiempo que pasamos sentados en el inodoro, horarios y rutinas, peinados rudos o despreocupados que requieren cuatro horas diarias de cuidado, remeras irreverentes compradas en locales especializados, amistad virtual de gente que ignoramos en la calle, medias, temas de conversación e indignaciones varias; aforismos de Nietzsche de la última serie de Fox, jabones con nombres de helado, profecías arcaicas y oscuras que se cumplirán en cualquier momento, pantalones bajos y cinturones ceñidos (con la postura moral e ideológica que cada uno conlleva); y con mayor o menor constancia, a través de livianos auriculares, casi incorpóreos (ínfimo porcentaje de algún plusvalor oriental) consumimos el reclamo o la decepción de alguien que, como nosotros, no hallo lo que buscaba en la góndola pero, carente de nuestro prudencia, no sabe contentarse así sin más con lo que le están vendiendo en su lugar. Busca y deglute lo que se le cruza para llenar el abismo de su deseo, mientras nosotros consumimos asépticamente la estética de su angustia, la técnica de su desesperación. Y el día en que este "producto", que ha comprado todo cuanto ha podido, se da cuenta de que no encontrará lo que necesita y su pobre corazón estalla de desamparo, nos servimos un trozo de su cadaver en la vajilla que Coca-Cola nos regaló la última vez que pensamos que ya no podíamos más.

jueves, 31 de marzo de 2011

Fiódor Dostoievski honrado insuficientemente...


Puede que hubieran pasado minutos desde que había dicho que quizá la Bovary de Flaubert fuese la mejor novela que haya leído, cuando Vero extrajo de mis olvidos su pedido de ver a Dostoievski entre los difamados gráficamente por mi mano, recordándome también y sin saberlo cómo -en cierta época en que la henna con que Dios había tatuado la frente de Caín (obnubilados ambos de alcohol en un verano más violento de lo previsto) todavía disimulaba las primeras arrugas de mi frente- había yo matado gustosamente a la vieja usurera, sucias las manos del ruso solamente, y renegado de Siberia con mis fatuas manos inmaculadas (que lucían tan sucias y cobardes cuando, mucho después, sacaron por primera vez a Los Karamazov del estante).
Dicen que Los Karamazov fue escrito a vuelapluma, y no sé si pensaba en esto cuando dejé que se extraviasen mis bosquejos en las pilas que me franquean y ensucié el papel, como quién comete un pequeño crimen, iniciático y torpe. Volveré ahora a mi Siberia finalmente aceptada, una cuyo más grande encanto sea tal vez, ya que no la redención, la posibilidad de esbozar con mi simiesca mano ese gesto alegre y dolorido, parodia del que hiciera la mano elegante de Flaubert, cada vez que desecho otro bollo de papel en esos montoncitos de fracaso que uno tiene la precaución de barrer cada mañana.

sábado, 19 de marzo de 2011

Frida Kahlo con un especímen doméstico y uno exótico...


A pedido de mi querido Lennon salteño (los dejaré meditar sobre esta posibilidad) les traigo a la lánguida mujer, toda dolor y orgullosos bigotes, rodeada de una fauna que la engalana igual que lo hacen los chales de chismes tejidos por las biencasadas para las más exquisitas amantes del pueblo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La Negra


Para Juan Carlos, que quería verla por aquí....

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Invitación

Buenas. Habiendo vuelto al ruedo (del que nunca me he ido pero en el que me ha tocado oficiar de res por un buen tiempo) les recuerdo a quienes ya lo sabían y les cuento a los que no que este espacio se nutre de sus pedidos y que es un refugio que he construído para no olvidar los encantos del trabajo gratuito. Bueno, no se lo tomen tan a pecho! El hecho es que la consigna aquí es que, con un fundamento mínimamente esmerado, elijan ustedes los personajes que quieren ver retratados y Su Servidor usará una pizca de su ocio cartesiano en complacerlos (Aunque no pueda prometerles una velocidad de respuesta digna de nuestra era de San Expedito, prometo dejar atrás mi etapa de "Dios proveerá", "La Fe mueve montañas" y bicicleteadas caraduras por el estilo). Vale dejar el pedido en los comentarios, mandarme un mail a quienes tengan mi dirección o decírmelo a la cara a quienes suelo ver por ahí (esto último si es después de las once de la madrugada y antes de las diez de la noche les garantizará que no se traspapele el pedido). 

Ah! No está prohibido comprar los originales, eh?

Acerca de lo que no está muerto...

La última vez que saqué el polvo de este sitio me encontré con que alguien que no firmó su mensaje me pidió, separado él o ella por varios meses de la morbosa tendencia al homenaje compulsivo y oportunista, que retratara a Fernando Peña. Hoy, varios meses después, llega mi respuesta a su pedido. Tal vez demasiado tarde, tal vez lo suficientemente a tiempo como para recordarlo a salvo al fin del rumor necrófago que la gente suele llamar "despedida". 
Los más coloridos de entre el público o los sobrios voiyeurs del desparpajo estético ajeno me reprocharán la austeridad de la imagen, la carencia ornamental tal vez poco característica o insuficiente para recordar a este personaje donde no fuese compensada por su verborragia. Como es usual, no me disculparé, pero no seré tan descortés de no explicarme: He recordado de pronto un cuento, uno de Poe en que una carta robada se esconde prácticamente a la vista de todos. Y realmente había una carta muy larga en ese rostro, pero entendí que había que sacar las cortinas, los marcos dorados de las paredes , los recuerdos exóticos, las revistas de moda, y silenciar la campanilla y el tocadiscos para vislumbrarla o para oír siquiera flamear levemente el sobre con la brisa que se filtra por la ventana.

lunes, 11 de enero de 2010

Janis Joplin



Hace poco veía el documental sobre el Festival Express, en el que la Joplin, los jovencísimos Grateful Dead y otros sonrosados neoviciosos e idealistas realizaban una gira muy particular en un tren ocupado exclusivamente por su ilustrísimo derroche de pelambre, ropas extravagantes y extrovertientes, accesorios grotescos, humo, botellas de todos los colores y notas que de a ratos tendían a caer a la vera de su lugar y romperse el alma en medio de las más peculiares y, ¿por qué no?, valientes encarnaciones de la música de la época. Es decir, algo orgullosamente digno de la náusea de Sinatra. Y tal vez lo que más me llamaba la atención era que, en medio de las cándidas figuras de gringuitos alegres, bellas muchachas pendiendo del último hilo de la conciencia e intelectualoides de pelo endurecido, hubiera una figura recortada con tanto esmero y dolor como Janis Joplin. Como una especie de punto negro en medio de tanto color, como una vieja de siglos en una fiesta de jardín de infantes, o como una antorcha mezclada en un rosal. Creo que por eso aparecía tan hermosa, como arrepentida, y diría: tan previsiblemente efímera, si no fuese a esta altura una frase tan fácil y tan poco digna. Ahora que hace unos días que he cumplido los veintisiete puedo pensar desde otro ángulo lo que significaron esas muertes que trajo el 70 (me refiero obviamente a Janis, Jimmy y en menor medida al hombre que buscaba las puertas, perdón): Se que si hoy fuera capaz de algo tan bello, tan auténtico, de tan humana eternidad en el alma como lo fueron ellos no temería abrazar a la muerte como Aute decía del mar: COMO UN AMANTE QUE VUELVE... Salud a los que prefieren errar el camino en su propia senda en vez de perderse en la de los otros!

miércoles, 26 de agosto de 2009

Y quién era ese tal Benedetti?


Este año nos ha llevado personajes a granel de nuestra cultura y nuestro cotidiano recuerdo, pero de entre David Carradine, Farrah Fawcett y Michael Jackson, elegí, en su momento (aunque recién ahora me digne ponerlo a la vista), a Mario Benedetti. Alguno me podrá explicar por qué?

lunes, 20 de julio de 2009

Un Sabina para Sabina


¿Será tan acertado como parece decir que este pedido de nuestra querida y reincidente Sabina es una brillante táctica de autoreferencia encriptada?...

Sobrevivimos a la paranoia porcina! Los entrerrianos volvemos a poder utilizar el servicio de un ciber, darnos la mano y esos agradables besos de saludo que nos diferencian de nuestros ancestros colonos. Ni siquiera por que haya pasado el peligro, ni por que haya sido mayor en algún momento, sino del mismo modo que la muñeca o el autito favorito por nuevo empieza a perder las ruedas indiferentemente o a aparecer olvidado en la vereda como un envoltorio más de caramelos... Saludos.

jueves, 14 de mayo de 2009


Aquí va la In-evita-ble para Vale, aunque tengo que decir que no fuí yo quien se metió en política, sino en tango; y, además, en un tango políticamente correcto. Pero me figuro que tal desplazamiento de temática se debe, más que a un error personal, a ciertos actos fallidos nacionales; por que es muy sencillo, ya en medio de la célebrada neurosis tanguera, ser atraído a la evocación de la que ocuparía el rol de mamma buonna en nuestros discepolianos desengaños...

lunes, 27 de abril de 2009

Un poco de Glostora...


A pedido de Sabina:
El Maestro Alfredo De Angelis

jueves, 16 de abril de 2009

El Flaco



Aunque la interesada no se fue en palabras, supongo que sabía que no hacían falta demasiados argumentos para ponerme a dibujar al flaco Spinetta.

(Ah! Ahora se puede dejar comentarios y pedidos, ja, era un error mío de configuración el que impedía ingresar a los que no estaban registrados)

sábado, 28 de marzo de 2009

No hay contienda si no hay capitán...

Aún a riesgo de excederme en convencionalismos, arranco este espacio de caricaturas con este personaje, a quien de todos modos, nadie se atreverá a negarle el privilegio de ser un símbolo ineludible del siglo que perdimos. Y, aunque el cuadro fue realizado por pedido y no por iniciativa propia, nunca he desperdiciado la oportunidad de dibujarlo. ¡Salud por todos los que, con la belleza
de su carácter único, golpean con toda la fuerza de nuestra raza en las entrañas del olvido!

A pedido de mi sobrino: Bob Marley